LA REINA, QUE NO OPINE; PERO QUE GARZÓN HAGA LO QUE QUIERA

Que la Reina no opine. Ésta fue una premisa que funcionó como axioma durante muchos días de la semana pasada. Y como esposa que es del Rey, puede que sea más acertado que no opine; aunque acertado hubiese sido que no lo hubiesen escrito. Ahora, resulta que vamos a prohibir pensar incluso a la gente.

Según cómo se diga, es fácil tachar a cualquiera de franquista o de lo que sea. Porque sólo se puede estar de acuerdo con lo que dice el país. Lo que éste dice es ley; lo que dice su manual de estilo, sagrado. De entrada, a Franco no lo conocimos y a Carrillo tampoco, con lo que tampoco se tiene por qué caer en el comunismo. La cuestión es que otros personajes no solamente dicen sino que prostituyen la integridad del estado.

Un juez se levantó un día y se puso a levantar de todo, la alfombra, tumbas, una locura. Y le quisieron parar los pies, como al falso Don Quijote, en Zaragoza, de manos del fiscal. El estado se mantiene sobre la base de los tres poderes, separados, divididos y alguno de ellos reducido a poco más que una foto y declaraciones a cada cual peor. La miseria teórica de la división de los poderes es una argucia muy bien planteada. El gobierno es el que debe ejecutar las leyes. Pero también las hace, por decreto o por aquello que no le sonaba al anterior gobierno. Un juez debe administrar justicia, y la ejecución de las leyes compete al gobierno.

Al mirar al país te das cuenta de que Garzón es un juez que está muy bien considerado, y lo tratan bien; el mundo es de otra pasta y apenas lo contempla. Pero al indagar en los antecedentes, se aprecia que no sólo lo tiene bien considerado sino que militó en uno de sus partidos mayoritarios, del país, el PSOE. Es muy curioso que la información diga tanto e importe tan poco.

Sin embargo, con la última pataleta ya ha aparecido la descalificación. Resulta que el juez se encuentra privado de su papel en los libros de texto de la historia de España, está claro que tiene sueños de grandeza como Aznar al apoyar todavía al Sr. George W. Bush cuando el propio Bush se arrepiente de algunas normas que ha tenido que tomar. Privado de este papel, con los pies parados y con la información recabada, resulta que Garzón es judío. Extraña relación.

No se ha certificado, sólo son hipótesis a partir de las acusaciones y de los descalificativos que utiliza contra el fiscal Sr. Javier Zaragoza, le ha llamado nazi. Como es sabido, cuando no se posee más conocimiento que el que te inculcan desde pequeño eso es lo que conoces, y pretender comparar todo lo del mundo a nazi y a Nüremberg, etc. no lo debería aceptar ni el país.

La pena es que es todo lo contrario. Como regalo de aniversario al General Franco, tras descubrir el intelectual juez Garzón (miedo da pensar que te administre justicia alguien que no se ha enterado de que Elvis ha fallecido y que Monroe, ahora, son unos amortiguadores que se anuncian) que “…Franco ha muerto”, se ha inhibido de la causa abierta contra todo el Estado Español. Un juez que pretendía enfrentar de nuevo a las dos Españas de Machado, finalmente, no te rompe el corazón una, sino uno, un…

Lo que más enerva es ver cómo un juez no es una máquina, y la división de poderes no es tal: militó en el socialismo, un partido político que está en el poder legislativo y ahora en el ejecutivo; estuvo en política, ahora en justicia, en todos los poderes. ¿Dónde se dividen? Este juez encarna la promiscuidad del poder pues se acuesta con todos ellos. Pretende hacer él la historia. Si se abren las fosas y se criminaliza el pasado, se hace con todos, y se hace con todos, repito.

Un interesado en la materia ya dijo que “Garzón se equivocaba”. Por supuesto, no requería de ninguna mejor fuente que él para saberlo. Lo que sucede es que ahora que él intrépido juez sabe que Franco ha muerto, esperará un tiempo a que lo haga también Carrillo… (que no tiene ni un pelo de tonto ni Paracuellos) Esto sólo vendrá a confirmar otro de los corrompidos ideales de la Ilustración: los privilegios de un comunista frente a los demás cuando le dejan fumar en una cena institucional en un lugar conocido como ‘prohibido fumar’. Además de la Ley de Amnistía, ahora hay una ley especial para Carrillo para que sea el único con privilegios para fumar donde está prohibido. Ahora los privilegios van a ser para los comunistas.

Se permite a uno fumar; se prohíbe a todos a pensar, se prohíbe tener ideas, ser libre… Y le firman un manifiesto a favor, días después al juez, en este país. La Reina que no opine; pero que el pobre juez Garzón haga lo que quiera.

REDACCIÓN

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