EL MUNDO ESTÁ AFECTADO POR UNA PLAGA DE TOPOS

El diario El Mundo tiene topos del país en sus filas. Inexplicablemente, un periódico que se prodiga en el conservadurismo y en las ideas racionales, se ve invadido por una cuadrilla que embiste contra los cimientos de la tradición y de toda lógica en la propia redacción del periódico

En una ocasión ya apuntamos que el Sr. Cuartango no atinaba con la línea editorial. Ahora se muestra condescendiente un corresponsal de El Mundo en Somalia, Javier Espinosa. Previamente a la entrevista que le pretendía hacer el periodista a uno de los secuestradores, ya acusado en firme y que cumple condena en la cárcel, le asesta una ‘impertinencia’ de miserable y el periodista parece reírle la gracia y lo trascribe como algo meritorio en la introducción a su entrevista en la portada del día 15 de diciembre.

Este tipo de admiración por los secuestradores, la condescendencia con los terroristas, la piedad con el pederasta por su cara con ojos de cervatillo malherido e hijo de la Bambi maltratadora y alcohólica que todo mal exime, etc. Este modus operandi no es propio del ser racional, fuerte y poderoso. Es el sino del débil, del acomplejado, el progresista que impone a los demás si miseria, el comunista que quiere que todos sean tan necios y pobres como él, o por debajo, mayoritariamente…

Pero si faltaba algo para el duro, aparece un euro entero. Un opinador de Tribuna Libre se dedica a bendecir las manifestaciones contra el Plan Bolonia: Francisco Sosa Wagner (el enlace es para la portada de la sección de opinión). Sólo faltaba que un periódico como éste tenga que apoyar un grupo minoritario, que se revoluciona, que impone a toda Siberia la dictadura del pañuelo con flecos y borlas al cuello, con la rapada quitarastas y las pintas de dejado y tirado de la vida (mientras mamá le dice a la sirvienta que tenga la comida preparada para cuando venga el niño).

Todos los alumnos emprendedores, los alumnos aplicados, avezados, fuertes, que se adaptan a las condiciones que se han legitimado desde la base democrática van a tener que verse relegados a la miseria de nuevo de El Problema de España: estar siempre rezagado. Ahora tenemos que volver a poner un ancho de vía distinto para que no nos invada Francia. De hecho, el problema no está allí, sino que nos acabarán invadiendo los titulados en Aruba o en el Bar Restaurante del barrio que llegan allende los mares.

España ya es el país que ha convenido en tener un grado de 4 años, cuando lo pactado era de 3. Los mejores alumnos lo serán en todas las circunstancias, el peor siempre tiene que arrastrarlo hacia abajo en lugar de ascender él. Hoy en día las licenciaturas se regalan como los móviles en las cajas de galletas. No valen absolutamente para nada; Descartes lo demostró en el siglo XVII y un alumnos de este país puede decir fehacientemente que ocurre exactamente así en el siglo XXI.

En Navidad, toca pedirle a Santa Claus o a los Reyes Magos que traigan una licenciatura cutre y barata al nene que tiene que colgarse un título en la pared al lado del de su hermano.

Si faltaba alguno más, ya no para el duro sino para el euro, pues sólo hace falta mirar la contraportada y visionar, no muy profundamente para no sufrir, a Raúl del Pozo. A estas alturas hay que preguntarse quién selecciona los columnistas y si le está saliendo un serio rival a El País en su mismo sector demagógico ideológico. Tal vez, El País acabe apoyando medidas conservadoras o neocon.

REDACCIÓN

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