LA INMIGRACIÓN INSOLIDARIA

El racismo no es lo mismo según quien lo profese

Estamos en crisis pero ésta es solo para el blanquito españolito que tuvo suerte de nacer en el lado discriminado de la balanza. La crisis está empezando a dejar entrever quien es el que profesa el racismo en España. Hace pocos días pudimos ver cómo los inmigrantes a los que se les ha dejado trabajar en España, lo que algunos llamarían expolio, evasión de divisas, trata de blancas (curiosamente); les ha abierto las puertas el gobierno, tanto el de Aznar como el de Zapatero, de par en par, en masa, lo que a algunos les recordaría la entrada permitida y patrocinada de 711 d.C. como se manifestaban en algunas ciudades y reclamaban un trabajo digno.

La pregunta infrecuente, que no ilegal, es ¿por qué no lo pidieron en su momento a su gobierno, al suyo, en su país antes de venir aquí? Aquí pide cualquiera. Todos los días se puede comprobar que en Cuatro se fomenta desde Callejeros la homologación de la delincuencia como algo lícito o como si fuese un servicio más de esta miserable sociedad. Los padres de familia españoles, blancos, no tienen ayudas para el cole porque la buen suerte les hizo nacer un retoño de su estirpe; no tienen ayudas por núcleo zoológico porque tienen pocos hijos, y también están sufriendo la crisis y están en paro.

Los inmigrantes, auspiciados por una serie de personajes de buena cuna que se pintan las manos de color negro, un día, y de blanco, nunca, se manifiestan para reclamar en España un trabajo digno para ellos: ¿Y los españoles? Para los blancos no reclaman nada. Es una clara evidencia de que lo blancos están discriminados en estas reclamaciones por un racismo externo que procura siempre en contra de lo español y lo blanco; pese a que la inmensa mayoría está cohibida como para quejarse.

Después de asesorarnos, porque para tratar con los mecenas de estos visitantes hay que ir con cuidado, se puede decir abiertamente que la inmensa mayoría de inmigrantes que vienen a España son presuntamente racistas con la nación que les ha dado de comer a ellos y a todos sus países. No es delito. Todos, en la crisis, debemos reclamar lo que nos pertenece y basta ya de clasificar como lo otro a cualquier digna reclamación que se haga.

Los niños, hijos de inmigrantes, en las escuelas de la ESO piden a los profesores que les quiten deberes o que no les molesten en hacer nada simplemente porque “mi padre está en paro”. Los niños españoles, no mendigan ese tipo de cosas y no deben sacar réditos de la crisis. Esto parece racismo, pero no lo es, es la descripción de la realidad con un sondeo de varios profesores a los que se les pregunta sobre algunos comentarios de esos niños. La estadística, como dijo Augusto Comte, hace científico un sondeo.

Pero si esto no es poco, ya solo faltaba el reportaje de Televisión de Castilla y León, Canal 8, sobre la prisión de Palencia. Resulta que se han dedicado, los presos, a producir programas televisivos por un canal interno de la prisión. Realizan telenovelas, atentos; llevan a cabo programas musicales, etc. La cuestión es que en todo el reportaje sólo apareció un blanco. Los demás eran presos inmigrantes. La cuestión de fondo es que de los 20 participantes en la producción de la televisión interna (nunca mejor calificada) sólo se vio a uno blanco.

¿Está prohibido para los blancos el hecho de participar en la teleprisión? Porque si es así, sería nuevamente un presunto acto racista. Otra explicación podría ser que todos los presos son extranjeros, pero eso no cuela. Lo más triste de todo es que la Universidad de Valladolid sólo dispone de dos cámaras profesionales y los presos, para sus programas, disponen tres cámaras exactamente de la misma calidad (una más).

Los estudiantes españoles de la Universidad de Valladolid disponen de menos recursos que los presos inmigrantes de la Prisión de Palencia. Si a alguien se le escapa algo que siga investigando. Además, los estudiantes no se hacen famosillos como siempre parece que quieran hacerse los inmigrantes en este país: ricos y famosos. Sea como sea acaban haciéndolo.

Todo esto aparece condimentado con los hurtos de rumanos en el metro de Madrid todos los días a más blancos (entre ellos nunca se pisan las mangueras). Esto es más que el sexismo, es presuntamente racismo. No se puede discriminar por raza, sexo o religión y los extranjeros lo hacen a diario.

¿Es racista España que ha dejado entrar a todas las nacionalidades del planeta, excepto de la Antártida, o lo son los inmigrantes, en cuyos países nunca estamos seguros, las mujeres o periodistas femeninas tienen que llevar trapos en la cabeza, y nos condenan a cadena perpetua por gramos de costo cuando aquí pueden insultarnos, vejarnos, hurtarnos, drogarnos, y trapear lo que quieren y apalizar a sus mujeres con total impunidad si ella no se queja a las autoridades españolas?

Debe quedar claro que esto no es racismo, es sólo una petición de respeto a todos los inmigrantes para que recuerden en qué país están y de quien es. Cuando pidan o hagan que tengan en cuenta que de la misma manera que tenemos que tenerlos ahí, ellos también.

REDACCIÓN

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