GLOBALIZACIÓN INFORMATIVA: LAS AGENCIAS DE NOTICIAS

Redacción Editoriales /JPLas reflexiones en un día soleado de domingo pueden ser alucinógenas

La información es un producto más de consumo que se concentra en pocas manos

Los niños nacen, crecen, algunos, se reproducen y, si todo es normal, mueren. La información intenta evitar a ultranza todo este proceso que está inserto y es inherente a la esencia del segundo principio de le termodinámica: la entropía.

La información nace. En un principio, los ciegos y cómicos que viajaban de ciudad en ciudad, desde la Edad Media, ya promovían la movilidad de la información de una ciudad a otra, ciudades amuralladas que reservaban el derecho de admisión. Los ciegos tenían cierta libertad de movimientos y mucho poder informativo (como la heredera O.N.C.E. que también intentó invertir, actualmente, en medios de comunicación, como en Antena 3).

Los dramaturgos y cómicos que viajan de un lugar a otro pueden llegar a incluir la información noticiosa (“Obras ‘a noticia’”) en la propia obra teatral, sainete… La información variaba constantemente y se adornaba con florituras y retórica inventiva. La información era el poso y el arte era la variación de las noticias.

Cuando todo esto crece, aparecen las novedades técnicas y las innovaciones en las infraestructuras nacionales: el telégrafo, el tren, el correo, etc. Las noticias no requieren de al fuerza y autoría de unos ciegos o cómicos. La información y la prensa se especializan un grado más: crecen. Se consolida una información de talante objetivista que pretende reproducir verazmente la realidad. Los primeros gremios de periodistas, al estilo de un colegio de notarios, de abogados o de arquitectos, era el gremio de los ciegos (por el carácter propagandístico de lo noticioso).

En 1834 se inicia la pujanza homogeneizadora de lo noticioso. Toda noticia se centraliza en las capitales de provincia gracias al correo. Después se centralizará más velozmente gracias a Watt y la implantación del tren en España con las primeras líneas ferroviarias que unían Barcelona-Mataró (1848), Madrid-Aranjuez, Langreo-Gijón. Es iniciático, pero con un propósito aglutinante que lleva a la noticia y a lo noticioso a todas partes.

Las tarifas se reducen y el precio del periódico es sensiblemente menor. La imprenta mejora y culminará en la rotativa. A qué viene todo esto, pues a que sin esta progresión, sin el crecimiento de la prensa, de su técnica y tecnología, no hubiesen podido reproducirse las agencias de prensa. Primero es necesario establecer una buena base que funciona como mercado. A partir de ese mercado, se intenta saturar hasta que sea necesaria otra innovación, multiplicación de oferta, de servicios, etc. Ocurrió algo similar con los teléfonos móviles y ocurre lo mismo con la informática.

Un negocio nunca puede crecer más de lo que puede ofrecer. No eran necesarias las agencias mientras no hubiese un caudal informativo, que lucha siempre contra el tiempo y a favor de la actualidad (más lucha contra la entropía termodinámica). Una vez logrado ese mercado flotante de lectores, anunciantes, ávidos de información y de conocimiento de la cotidianidad nacional, internacional y del más allá de las paredes de su casa, se reproducen las agencias hasta colapsar la información mundial.

El cambio social y urbanístico también fue necesario. La gente tenía que concentrarse para trabajar, para vivir y para informarse. Cuando las ciudades son notablemente grandes, la capacidad reproductiva se estanca, y se estabilizan las agencias de prensa. Ya no hay más mundo que repartir.

El fin de las agencias es el de establecerse como capitales de provincia a nivel mundial. Cada país puede tener reproducciones menores, pero todas beben de las grandes agencias, las clásicas, las del siglo XIX. Cuando se abre el espíritu empresarial en el campo de los medios de comunicación, aparecen en escena ellos, los que no se mojan con nada y que simplemente distribuyen, como las naves de logística de transportes, la información, la que quieren y como quieren, pero con la tranquilidad de ser sólo una nave, una planta de almacenamiento.

El productor final del material informativo es el periódico, en la persona de su redactor jefe o del director, como esa tienda que vende los muebles almacenados. Las agencias de noticias dominaron el panorama informativo hasta el punto de que España dependió de ellas durante mucho tiempo. En 1835 ya se contaba con la Agencia Havas que se valía del telégrafo óptico, de palomas mensajeras, del telégrafo eléctrico, etc. para informar. Tiene su origen en Charles Havas, ya en 1826 cuando se dedicaba a traducir artículos para reciclar al información. En 1832 ya se dedicó a la información de procedencia postal y a la bolsa.

En 1849 se reproduce el sistema y entra en juego uno de los pupilos que siempre tienen ellos y crea la Agencia Wolf, en Berlín, para ir a mayores. El otro pupilo del gremio de estos que forman el trío calavera era Reuters, que ya nos suena a todos. Se ubica en Londres para ir parcelándose desde los inicios el mundo y así que nadie se asuste de ellos. En 1859 llegan al pacto de reparto de zonas de influencia para vender y suministrar las noticias, para no pisarse la manguera, vamos.

En Estados Unidos apareció en 1811 la Columbia Centinel, que eran unos listillos que se acercaban a los barcos con botes pequeños para recoger las noticias antes de que los remolcadores los hicieran atracar en el muelle. En 1849, Associate Press, o la AP, es la confluencia de 6 directores de diarios de Nueva York para asociarse y repartirse el pastel americano. Se añadió a ellos el The New York Times en 1851, para coparlo todo, todo ellos. La información ya no es libre. En 1875, el trío clavera se reparte de nuevo todo el planeta conjuntamente con sus amiguitos americanos exiliados de la AP.

En España, como una pequeña manera de reproducción, aparece el Centro de Corresponsales en 1865 de Nilo María Fabra. Que será la Casa Fabra en 1870. Es la primera agencia española en entrar en la Federación de Agencias Internacionales de Noticias (y dominio de la información).

Redacción Editoriales /JPEn este punto, cuando la información queda recluida en un recipiente sin fisuras, se pierde, no hay entropía y muere.

REDACCIÓN

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